La película es un viaje entre prácticas que existen simultáneamente en torno al mismo conjunto de objetos: un buzo de la Armada, un artesano de copias prehispánicas, el comisario de un museo naval, y unas personas que han vivido a escasos kilómetros del mito de un tesoro.

El filme superpone sus testimonios, que se mueven entre la ficción y lo real de economías flotantes e invisibles. En paralelo, el Galeón San José, hundido en 1708 y descubierto en noviembre de 2015 en las islas del Rosario sirve de hilo conductor para entrelazarlos. La narración ahonda en los mecanismos que surgen cuando un tesoro –y en definitiva, un conjunto de piezas– entra en disputa, y el imaginario creado en torno a las mismas. 

Se Perdían de Vista indaga en la bruma de materiales atravesados por las políticas de un país, en cómo se solapan los oficios en torno a texturas permeables, y la persistencia colonial en que la realidad parece estar inmersa.